La sedación consciente ayuda a los pacientes con miedo al dentista y es útil en las intervenciones más largas y complejas. ¿Qué beneficios tiene la sedación en odontología? ¿Qué personas se benefician más? ¿En qué casos se desaconseja su empleo?
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Sedación consciente: más usos en medicina
En los últimos años, la sedación consciente ha tenido nuevos usos. Por ejemplo, en colonoscopias y biopsias de próstata, o en ginecología. Así, la sedación se emplea en tratamientos de fertilidad (hay punciones para extraer óvulos) y en la introducción o extracción del DIU (dispositivo con utilidad contraceptiva).
Otra gran aplicación de la sedación consciente es en intervenciones y tratamientos de odontología
¿Qué es la sedación consciente en odontología?
La sedación consciente en odontología es el uso de medicación para ayudar a los pacientes a estar totalmente relajados durante los tratamientos dentales. La también denominada sedación dental consiste en una sedación moderada, en la que el paciente experimenta insensibilidad al dolor sin por ello perder del todo la consciencia. De hecho, la persona responde a estímulos táctiles y verbales durante la sedación. En otras palabras, aunque el paciente esté grogui, puede hablar con el dentista y con los profesionales que le asisten.
La mayoría de pacientes que se someten con sedación consciente a una cirugía u otro procedimiento dental tienen amnesia de corto plazo. Por tanto, no recuerdan nada de la intervención.
La sedación consciente, que se combina con la anestesia local, es especialmente útil para los pacientes con miedo al dentista o para aquellos que deben someterse a una intervención muy larga y compleja.
¿Me van a dormir?
Cuando se menciona la posibilidad de la sedación consciente, muchos pacientes preguntan si les van a dormir. «Doctor, ¿voy a estar dormido en la silla? ¿Me va a dormir?». Pero la verdad es que, al ser una sedación consciente, el paciente no está nunca dormido. La sedación moderada que se emplea en las intervenciones dentales permite que el paciente tenga en todo momento cierto grado de consciencia y que incluso pueda hablar, aunque sea arrastrando las palabras. Eso sí, no se va a enterar de nada durante el procedimiento. Ni tampoco va a recordar nada de la intervención cuando los efectos de la sedación hayan desaparecido.
Si hablamos de sedación y anestesia, siempre tendremos grados e intensidades diferentes. Desde la sedación consciente menor, hasta la anestesia general (el paciente está profundamente dormido).
- La sedación mínima o ansiolisis relaja a la persona y corta la ansiedad. El paciente está despierto.
- La sedación moderada causa una gran relajación en la persona, que no pierde enteramente la consciencia y que puede responder a estímulos. El 90% de los pacientes no recuerdan nada. Es el grado de sedación más intenso que se utiliza en los tratamientos de odontología. La razón es que el paciente mantiene inalteradas las funciones vitales, conserva la capacidad para respirar y tragar, y puede interactuar con el dentista.
- La sedación profunda pone a dormir a la persona. Por tanto, el paciente no responde a las indicaciones del médico. Además, podría ver alterada su capacidad para tragar y respirar.
- La anestesia general lleva al paciente a un sueño muy profundo. La persona, que está totalmente inconsciente, podría necesitar ventilación asistida. Solo se debe hacer en un hospital.
¿Cuándo es útil la sedación consciente en odontología?
La sedación consciente puede ser útil en todo tipo de cirugías, intervenciones y procedimientos dentales. Así, puede ser de enorme ayuda en los procedimientos más invasivos, pero también en una simple higiene dental.
Como regla general, la sedación dental se utiliza en los siguientes escenarios:
- Si el paciente tiene miedo al dentista, la sedación es útil en todo tipo de intervenciones dentales.
- Si la cirugía es muy complicada y muy larga.
Con estas pautas generales, una persona sin ningún tipo de ansiedad dental puede tener una cirugía común sin sedación. Y un paciente con fobia dental, en cambio, va a necesitar sedación consciente para una sencilla higiene dental.
Sedación para vencer el miedo al dentista
En el caso de los pacientes con miedo al dentista, la sedación consciente es la solución definitiva para vencer esta ansiedad. En los últimos años, muchas personas que se negaban a ir al dentista por miedo, han puesto los pies en la clínica dental para hacerse tratamientos gracias a la tranquilidad y seguridad que les da la sedación.
El boca-oreja es muy positivo. Cuando una persona con miedo al dentista escucha un testimonio positivo, se da cuenta de que hay una manera de que la visita al dentista deje de ser traumática. La forma de ver las cosas cambia si el amigo o el conocido se hizo un tratamiento dental de cierta entidad, y no se enteró de nada gracias a la sedación.
Hay personas con miedo al dentista que, con el uso repetido de la sedación consciente en los tratamientos, acaban perdiendo buena parte de esa ansiedad. Al cabo del tiempo, lo único que pueden necesitar para sentarse en la silla del dentista es un simple calmante.
La sedación consciente es sobre todo útil en las versiones más graves de miedo al dentista (fobia dental)
¿Quién se beneficia más de la sedación consciente?
La sedación dental puede ayudar a todo tipo de personas, para la realización de toda clase de tratamientos. Pero hay quienes se benefician más de estar sedados. ¿En qué casos es más útil la sedación?
- Ansiedad dental, sobre todo en los casos más severos (fobia dental).
- Intervención de alta complejidad y de larga duración.
- Bajo umbral de dolor.
- Arcadas (ganas de vomitar de forma improductiva).
- Sensibilidad dental de gran intensidad.
- Poca sensibilidad a la anestesia local.
- Dificultad para controlar los movimientos: la persona no se puede estar quieta en la silla del dentista. Se trata de personas con un alto grado de ansiedad. También son personas con algún tipo de enfermedad neurológica leve, como Parkinson, que les haga tener movimientos involuntarios.
- Necesidades especiales de tipo físico, cognitivo o de comportamiento.
Si os fijáis, todos estos casos tienen que ver con características inherentes al paciente, menos una, que guarda relación con las características de la intervención (compleja y de mucha duración).
Si se trata de niños, siempre y cuando tengamos un informe previo del pediatra, les podemos administrar algún tipo de medicación para calmar la ansiedad. La prescripción pediátrica es absolutamente necesaria
¿Cómo sabe el dentista si necesito sedación consciente?
Ya hemos dado algunos indicadores de los casos en que va a hacer falta la sedación. Pero las clínicas dentales sistematizan la toma de esta decisión a través del empleo de un cuestionario médico.
El Índice de Necesidad de Sedación analiza tres tipos de variables:
- Características del paciente (patologías, episodios a tener en cuenta, fármacos…).
- Nivel de ansiedad.
- Complejidad de la cirugía.
¿Cuándo se desaconseja?
La salud global del paciente es determinante.
- Una persona que haya tenido un infarto hace poco, se debería esperar un tiempo.
- Hay problemas de salud que desaconsejan la sedación, como por ejemplo una apnea del sueño grave o una obesidad mórbida.
- De forma general, la sedación dental está desaconsejada en mujeres embarazadas, porque algunas de las medicaciones pueden afectar el desarrollo del feto.
¿Qué pasa en caso de hipertensión? Si el paciente hipertenso no tiene ansiedad dental, no necesita estar sedado, siempre y cuando la intervención sea sencilla. Ahora bien, si la cirugía es compleja —muchos implantes dentales—, la sedación va a impedir que la tensión de la persona aumente.
¿Qué tipos de sedación hay?
Clínica Dental Galindo recurre a estos dos tipos de sedación:
- Sedación consciente oral (calmante). Se trata de una sedación mínima. El paciente toma un calmante una hora antes del procedimiento. Como esta medicación afecta de forma temporal tu memoria y tus habilidades motoras, un amigo o conocido te debería acompañar a casa una vez acabado el procedimiento.
- Sedación intravenosa. El anestesiólogo libera las medicaciones sedativas de forma directa a la sangre a través de una vía. Durante todo el procedimiento, este profesional monitoriza tu ritmo cardíaco, tu presión sanguínea y tus niveles de concentración de oxígeno en sangre.