Posiblemente en alguna ocasión hayas sentido molestias en alguno de tus terceros molares y te habrás preguntado, en esa coyuntura en que el dolor de muelas te ha recordado su presencia, el porqué de su curiosa nomenclatura. 

Muelas del juicio y cordales son dos de los nombres con los que se denominan a los terceros molares. Cabe decir que el nombre más ampliamente conocido es el de muelas del juicio, pasando a un nivel más científico el de cordales. 

Vamos a intentar explicar en este artículo el porqué de estos nombres tan singulares para denominar al tercer molar. 

¿Por qué llamamos a los terceros molares muelas del juicio?

La denominación de muelas del juicio es la más extendida para calificar a los terceros molares. Este nombre viene asociado al momento cronológico en que comienzan a aparecer los terceros molares. 

El proceso de la erupción de las muelas del juicio suele coincidir con la llegada de la mayoría de edad. Por esta razón, en nuestra cultura, desde tiempos pretéritos, denominamos a los terceros molares como muelas del juicio, puesto que aparecen en la edad que se presupone nos ha llegado la capacidad total de responsabilidad, la edad en que disponemos de “juicio”. 

Muelas del juicio o cordales

Los terceros molares también son llamados muelas del juicio debido a la edad a la que erupcionan

 

Y el nombre de cordal. ¿Cuándo aparece? 

El nombre que se le da de cordal a los terceros molares quizás puede que no sea tan intuitivo como el de muelas del juicio, ya que existen varias teorías respecto a la aparición de este vocablo refiriéndose a las muelas del juicio o terceros molares. No es hasta bien entrado el siglo XV cuando podemos atestiguar la palabra cordal como sinónimo de muela del juicio. 

Antonio de Nebrija y la aparición de término cordal 

Antonio de Nebrija, humanista castellano del finales del siglo XV es el autor, entre muchas otras obras, de la primera gramática castellana, en 1492, tres meses antes del descubrimiento de América. Es por tanto un personaje relevante en la consolidación como idioma del castellano.

Antonio de Nebrija y muela del juicio

Nebrija fue el autor de la primera gramática castellana

 

En cuanto a nuestro tema se refiere, Antonio de Nebrija, había traducido el término muela cordal al latín dens genuinus, en sus publicaciones del Diccionario Latino-Español de 1492 y el Vocabulario Español-Latino de 1495.

Los tratados médicos y la palabra cordal 

Ya bien entrado el siglo XVI se ha encontrado la palabra cordal en varios tratados médicos con referencia a términos anatómicos dentales. 

Así pues, en la Historia de la composición del cuerpo humano, impresa en Roma en 1556, Juan Valverde de Amusco nos menciona: 

“Las muelas llamadas cordales, que nacen después que comienza la barba”

Juan Valverde de Amusco

En este tratado de Valverde de Amusco ya se habla de los cordales

 

Otro tratado médico donde aparecen los terceros molares es en el Coloquio breve y compendioso sobre la materia de la dentadura y maravillosa obra de la boca. Este tratado fue publicado en Valladolid en 1557 y escrito por el Bachiller Francisco Martínez de Castrillo y es considerado como el primer tratado de odontología impreso. 

Sobre las muelas cordales dice: 

“Esas nacen al cabo de todas y como nacen a la postre y se forman de sobras o se corrompen o caen de presto, al fin son de poca dura, como fruta de otoño”

Podemos decir que en el siglo XVI las muelas del juicio ya daban los mismos problemas que en el actual siglo XXI, pues normalmente se tienen que extraer por problemas de espacio o por caries que no se pueden tratar. El dolor de las muelas del juicio ha sido siempre una temática ampliamente tratada desde hace bastantes siglos.

Los cordales y Don Quijote de la Mancha 

En la archiconocida obra castellana de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, escrita en el año 1605, se utiliza la palabra cordal para referirse a las muelas del juicio. Es pues, una de las primeras obras literarias castellanas donde aparece la palabra cordal.

Don Quijote, Sancho y los terceros molares

Cordal y cuerdo son dos términos utilizados habitualmente en las obras de Cervantes

 

Las apariciones de la voz cordal se encuentran hasta en cuatro ocasiones en dos pasajes diferentes de la novela. 

La primera aparición ocurre cuando Sancho a petición de Don Quijote le pide que compruebe es estado de sus dientes tras haber sufrido un revolcón y salir malparado de la batalla emprendida contra un rebaño de ovejas y sus pastores: 

“–¿Cuántas muelas solía vuestra merced tener en esta parte? –Cuatro –respondió don Quijote–, fuera de la cordal, todas enteras y muy sanas”

Sancho, los refranes y los cordales 

Otra mención de cordal en la famosa obra ocurre cuando Sancho mediante refranes argumenta en contra de los consejos que esgrime Don Quijote de cómo se deben gobernar las tierras que tendrá bajo su dominio, dando a entender que al gobernador siempre se le debe dar la razón: 

“– ¿Qué mejores –dijo Sancho– que “entre dos muelas cordales nunca pongas tus pulgares”, y “a idos de mi casa y qué queréis con mi mujer, no hay responder”, y “si da el cántaro en la piedra o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro”, todos los cuales vienen a pelo?

Sancho Panza y los terceros molares

Sancho Panza realiza distintas alusiones a las muelas cordales

 

Que nadie se tome con su gobernador ni con el que le manda, porque saldrá lastimado, como el que pone el dedo entre dos muelas cordales, y aunque no sean cordales, como sean muelas, no importa.

Cordal es una palabra vinculada etimológicamente a cuerdo. Tanto cordal como cuerdo son dos términos utilizados de manera constante por Cervantes en sus más famosas obras como en El Licenciado Vidriera o en el mismo Don Quijote. 

No se conoce en la lengua castellana ninguna otra aceptación de la palabra cordal que no sea para referirse a las muelas del juicio.

 

Órgiva, Cervantes y El Quijote

Este busto de Cervantes y la representación de Sancho y El Quijote la encontramos en la localidad de Órgiva

 

Las muelas del juicio, muelas tardías o cordales 

Durante el paso de la historia los terceros molares han sido bautizados con distintos nombres. Todos ellos tienen el denominador común en su inspiración sobre la idea de la sabiduría o sobre el carácter tardío de su erupción. Ya en la Antigua Grecia se conocían tres diferentes nombres para denominar a los terceros molares: dientes de la sabiduría, dientes tardíos y últimos dientes en erupcionar.

Dientes de la sabiduría 

Término utilizado por el médico griego Hipócrates, dando a entender que son los dientes que erupcionan cuando comenzamos a tener juicio. Esta expresión también la encontramos en escritos de Rufo de Éfeso y del médico árabe Avicena.

Hipócrates

Hipócrates es una de las figuras más relevantes en la historia de la medicina

 

Berenguer Da Carpi, tratadista anatómico, utiliza la expresión latina dens sapientiaeque pasa posteriormente a las lenguas populares modernas. Entre otras podemos encontrar en catalán, queixal del seny; en francés, dent de sagesse; en italiano dente del giudizio; en portugués, dente do siso; en inglés, wisdom tooth; y, en alemán, Weisheitzahngiudizio; en portugués, dente do siso; en inglés, wisdom tooth; y, en alemán, Weisheitzahn. 

Dientes tardíos 

Es una de las expresiones utilizada en la Antigua Grecia para denominar al tercer molar. Esta denominación pasó luego al latín como dens serotinus que fue utilizado en los tratados anatómicos del siglo XVIII, pero poco a poco fue perdiendo notoriedad a favor del nombre cordal. 

Últimos dientes en erupcionar 

Esta expresión fue utilizada por Aristóteles para nombrar a los cordales: 

“Los últimos dientes del hombre que brotan hacia los veinte años en hombres y mujeres son los llamados kranteras (los que completan)”

También el filósofo griego Celso se refiere a las últimas muelas en aparecer como: 

“los últimos, que suelen aparecer tardíamente”

Y, Séneca también los describe utilizando la expresión de últimos dientes. 

“llega entonces la pubertad y aquel último diente, que pone término a los progresos de la juventud”

  

Podemos ver que ya desde la Antigüedad se tenía constancia de que las muelas del juicio eran las últimas en erupcionar y que su erupción es bastante tardía, cuando nos alcanza la edad en la que disponemos de juicio o sabiduría. 

 

 

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